Las industrias agropecuarias

La ganadería.

Son conocidas las modalidades técnico económicas en que se desenvolvía la explotación ganadera en nuestro país. La era de utilización exclusiva del cuero había sido superada hacia fines del siglo XVIII y ampliada con la exportación de tasajo. Este nuevo rubro no había significado para los rodeos progreso cualitativo de ninguna especie. El vacuno reproducido en cantidades realmente asombrosas mientras pertenecía al común, no había experimentado la más leve mejora cuando por virtud de sucesivas concesiones fue posible pasar a la formación de las estancias. Ni el animal ni su alimentación habían superado las formas espontáneas en que ambas aparecían como producto de la naturaleza. Fuera de la paciente y permanente labor del aquerenciamiento, el estanciero mantenía sus haciendas valiéndose exclusivamente de los alimentos naturales. Si en una zona determinada escaseaba el pasto o el agua, las haciendas caminaban en busca de zonas mejor provistas. Fuera pues de determinadas regiones favorecidas permanente o accidentalmente por los pastos o por las aguadas, la extensión de la estancia estaba prácticamente limitada por las necesidades de la hacienda de su respectivo propietario. En esas condiciones la gran extensión en manos de un mismo estanciero resultaba impuesta por el régimen de explotación del vacuno. Todo el romance del gaucho deriva del hecho que siendo ilimitada la propiedad dentro de la cual trabajaba, él conservaba la máxima libertad en su desempeño. El frecuente alzamiento de las haciendas le acordaba como escenario de su acción toda la extensión de la pampa. Su actividad dependía más de sus condiciones persona-les que de los medios técnicos puestos a su disposición; y esa aptitud era utilizada como consecuencia de la relación de dependencia personal que lo vinculaba al patrón. Cuando el alambrado y la estancia moderna acordaron límites fijos a la propiedad de la tierra, el gaucho entró obligadamente dentro del mismo régimen; adoptó normas de orden y concluyó por tecnificar sus habilidades. Se transformó en suma en un obrero asalariado.

La producción de tasajo no había modificado pues, a dicho régimen. Él era un simple apéndice de un negocio que tenía algo más de un siglo de tradición y de experiencia. Iniciada esa producción a fines del siglo XVIII ella se hallaba en las mismas condiciones originarias hacia 1840 cuando en razón de los hechos referidos anteriormente comenzó a cundir una inquietud de mejora en numerosos sectores de la ganadería. Desde luego, en esa época el mercado que absorbía el tasajo, Brasil y Cuba, no acusaban aún signos de declinación; no obstante, ello las cifras de la exportación se repetían de manera insistente y aun esa actividad tan no acusaba señales de progreso pro-bable que su introducción fue prohibida en Gran Bretaña luego de un rechazo categórico.

La producción de tasajo había significado un cambio cualitativo dentro de la explotación ganadera, superando con un recurso no cuantitativo a la tradicional exportación de cueros. Tanto la producción de la materia prima como su elaboración en el saladero, habían originado la formación de una clase de propietarios cuyos intereses hallaron concordante expresión política en la idiosincrasia del equipo gobernante. Sus caracteres comunes eran la posesión de grandes extensiones de tierras en los lugares mejor situados: las reducidas exigencias del mercado al cual destinaban su producción, no imponía recursos que propendieran a la superación técnica. Una ý otra circunstancia, la posesión de la tierra y la posibilidad de extenderla en relación con las crecientes exigencias y el mantenimiento de una estructura económica que facilitaba las realizaciones comerciales dentro de este tono limitado, fueron razones suficientes para conducirlos a extremar el empleo de la violencia en el manejo del poder político. En cualquiera de esos recursos en los que hubiera admitido introducir una innovación, habría propiciado la disgregación de su monopolio comercial. 

La modificación cualitativa realizada mediante la extensión de la exportación del cuero hasta la de exportación de carne salada, había creado pues una contradicción consistente en que ella no era capaz sino de producir una mercancía apetecible en vinculación con el mercado europeo que ofrecía mejores perspectivas y cuyo acercamiento significaba alinearlo en la marcha ascendente de la civilización. 

Esta incapacidad técnica del tasajo se traduce a partir de los 1830 en un conjunto de hechos que configuran una ver-dadera revolución en la economía pecuaria. Ellos son el cercado de los campos, los intentos de refinar el ganado, y la difusión de las aguadas artificiales.

Se sabe que corresponde la iniciativa del primero a don Domingo Olivera, ex ministro de Rivadavia, quien valiéndose de zanjas y cercos vivos limitó en 1838 toda la superficie de su establecimiento Los Remedios; se adelantaba así a don Ricardo Newton, cuya innovación de introducir el alambrado data de 1845. El cercamiento daba materialidad a los límites de la propiedad territorial librada antes a las referencias más vagas y caprichosas y afianzaba su trascendencia económica y jurídica. Poco habría valido encerrar las haciendas en tierras carentes de aguadas si no hubiese cundido simultáneamente la costumbre o la necesidad de cavar pozos para proporcionarles el agua. Corresponde a la misma decena de los 1840 la introducción del primer reproductor Durham. Los ganaderos que ansiaban el mejoramiento de sus vacunos se adelantaban evidentemente en forma apresurada a los acontecimientos mundiales y ésa es sin duda la razón por la que la importación de sementales vacunos no siguió en forma continuada a la iniciativa de referencia, que corresponde a Mr. Miller. Fue necesario superar gran parte de la decena siguiente para que el la adoptase el carácter de un acontecimiento común. Se precisaba difundir suficientemente el alambrado, superar la resistencia del ganadero criollo acostumbrado a una labor rutinaria pero que se realizaba sin esfuerzo y vencer la oposición del saladero a manejar ejemplares de superior calidad. Era preciso además poder llegar al mercado y éste no se hallaba exclusivamente, como ocurría con el ganado criollo, dentro de los límites del país. Era pues necesario realizar una modificación fundamental en los recursos de la preparación y del transporte, cosa que ocurrió varias décadas después. La reforma que necesitaba realizar la ganadería criolla no vendría momentánea- mente por vía del vacuno sino del ovino; y sería además una consecuencia inmediata de la revolución agraria operada en Gran Bretaña hacia fines del siglo XVIII.

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