Las luchas por el librecambio

Debe recordarse que el triunfo del librecambio no fue automático en Gran Bretaña. Se conoce la historia de su desarrollo que ocupa toda la primera mitad del siglo xix. Para realizar los propósitos de los manufactureros, ellos debieron afianzar desde luego su posición dentro del Imperio e impulsar el progreso de sus industrias en proporción capaz de justificar y requerir la vinculación con las zonas apropiadas del mundo. Cuando se firmó la paz de 1815 Inglaterra era la única nación industrializada y sus fabricantes comenzaron a inundar el continente con sus artículos; su interés no estaba ahora en asegurarse el mercado interior sino el externo; pero necesitaba afianzar su predominio interno en el plano político dominado todavía por la nobleza terrateniente. Unidos a los sectores comerciales no tuvieron inconveniente en obtener la eliminación de las trabas legales que limitaban la expansión del comercio hacia el exterior. La protección industrial podría abolirse sin lucha en lo referente a la importación de artículos alimenticios, preferentemente los granos, los terratenientes ingleses libraron una el desarrollo de la industria fue suficientemente potente para decidirlo.

La nobleza terrateniente, que desde los cercamientos de terrenos había realizado una revolución agraria paralela a la industrial y que proveía en la medida de sus recursos a la alimentación de Gran Bretaña, había obtenido en 1815 la sanción de la ley de cereales, que prohibía la importación de granos mientras su precio no fuera inferior a una cierta suma. La abolición de esta ley pudo obtenerse al término de una lucha enconada a cuyo frente se hallaban los manufactureros de Manchester constituidos en “Liga contra la ley de cercales», fundada en 1838; no obstante que, alentados por la teoría de Ricardo, los comerciantes de Londres habían iniciado ya en 1820 las primeras gestiones ante el parlamento. La fundamentación y afianzamiento de la formidable industria británica se realizó durante el cuarto de siglo que transcurre entre la paz de Viena y el año 1840. La industria textil, cuyas máquinas propiciaron un enérgico impulso a la división del trabajo dentro de su propia esfera de acción, determinando además la división del trabajo mundial, tuvo en los años mencionados un desenvolvimiento muy amplio. Gran Bretaña, que en 1785 importaba poco más de 8 mil toneladas de algodón, a fines del siglo recibió 25 mil toneladas; pero en 1831 eran 130 mil y en 1841, 220 mil. Consecuentemente la producción de hilados que en 1820 era de 55 mil toneladas, en 1840 era de 350 mil; y los obreros afectados a esa industria, que en la primera de las fechas mencionadas era de 110 mil, en 1840 se había duplicado, Hacia 1800 Gran Bretaña poseía 320 motores a vapor con una potencia conjunta de 5200 HP; en 1840 su potencia total instalada era de 620 mil HP. La producción de fundición que en 1805 era de 260 mil toneladas, había subido en 1823 a 450 mil y en 1840 a un millón y cuarto.

Por lo que afecta a los transportes terrestres puede recordarse que habiendo construido la primera línea férrea en 1825, en 1840 poseía 5000 kilómetros; y en cuanto se refiere al tráfico marítimo, se sabe que inmediatamente del flotamiento del Savannah, destinado al transporte de algodón desde el sur norteamericano hasta Liverpool, Gran Bretaña inició la construcción de una flota de vapores que en 1843 le permitía lanzar a los mares su Great Britain, primer barco dotado de casco de acero y cuyo desplazamiento era ya de 3600 toneladas.

La lucha por el establecimiento del libre cambio fue pues paralela a la de su expansión industrial que suponía además de la existencia de mercados donde colocar su creciente productividad, la de otros donde obtener la materia prima alimenticia que requerían con gradual intensidad sus máquinas y sus obreros. Las etapas de esta lucha que se inicia en 1815 y termina plenamente en 1860 y a la cual está vinculada la entrada de Sud América en el mercado mundial, se realizan durante los gobiernos de Peel y de Gladstone. Ya Huskisson había introducido cambios importantes en la tarifa, tendiendo a la liberación de diversas materias primas de uso industrial, al adoptar la cláusula de la reciprocidad en lo referente a la navegación. La obra de Peel fue sin duda más atrevida: ella comenzó por una fuerte rebaja en la imposición aduanera: a fin de compensarla ideó el impuesto sobre los réditos, cuyo carácter permanente surgió a consecuencia de la gradual liberación de los impuestos indirectos. Mientras tanto la agitación contra las leyes de granos había cobrado nuevos bríos y experimentado modificaciones profundas en 1828 y luego en 1842.La escala móvil impuesta a los derechos aduaneros no benefició mayor-mente a la agricultura y desde luego resultó ineficaz para neutralizar las crisis agrícolas que ocurrieron a partir de 1815, a consecuencia por lo común de cosechas abundantes. En esa época Gran Bretaña recibía del extranjero una parte muy reducida de sus artículos alimenticios a causa del alto costo del transporte que resultaba de hecho una protección a la producción local. De manera que una cosecha abundante hacía bajar los precios y ello ocasionaba un largo período de miseria agrícola. Tampoco la ley de granos era popular en los distritos industriales donde se la consideraba responsable del elevado precio del pan. Durante toda su vigencia, el precio del pan en Gran Bretaña era doble del que regía en el Continente.

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