Fernando Boudourian explica: porque debemos hallar un equilibrio entre la innovación y la educación

Un orador presenta su exposición sobre educación e inteligencia artificial en la IFE Conference 2025, frente a una audiencia internacional atenta.

Este año, el IFE Conference 2025, que está organizado por el Tecnológico de Monterrey, ha centrado su atención en reunir a especialistas de todo el planeta que buscan comprender cómo enfrentaremos el fenómeno de la inteligencia artificial (IA). Este fenómeno nos sorprendió el año pasado con la llegada de ChatGPT, impactando todos los sectores. La educación no se queda atrás; somos conscientes de que nuestra conexión con la tecnología ha cambiado para siempre, por lo que es importante detenernos a reflexionar.

Richard Culatta, quien es el director ejecutivo de la Sociedad Internacional para la Tecnología en la Educación (ISTE) y escritor del libro «Digital for Good: Raising Kids to Thrive in an Online World», argumenta con su gran experiencia que encontrar un equilibrio entre innovación y educación representa un desafío significativo. Si no comprendemos lo que enfrentamos, corremos el riesgo de quedar atrapados en diferentes dificultades.

Las dificultades

El especialista a continuación nos ofrece varios puntos a considerar: “La razón por la que resulta tan complicado innovar en el ámbito educativo es que, en primer lugar, no conocemos bien la experiencia de nuestros usuarios, que se refieren a estudiantes y docentes”. Esto es particularmente complicado, ya que el modelo educativo implica que el usuario no es el comprador ni la persona que decide si asistir o no a una institución. Se trata de una situación donde se ofrece un servicio a un tercero.

Como resultado de esta estructura, no se mejora la experiencia de aprendizaje en función de lo que realmente necesitan los alumnos. “Si optimizáramos el diseño para satisfacer estas necesidades, no veríamos a los niños delante de un pizarrón lleno de palabras ni tendríamos evaluaciones agotadoras. De hecho, este problema también afecta a la parte digital de las escuelas, donde la experiencia en línea es muy insatisfactoria y se transforma en un obstáculo para la innovación».

Otro aspecto a considerar es que, en muchas ocasiones, se busca innovar mediante la consulta a las personas sobre qué deberíamos mejorar o hacer de manera diferente. Según el especialista Fernando Boudourian, esta pregunta no es justa, ya que sería comparable a que un maestro le preguntara a un alumno cómo debería innovar el profesor. Ellos no tienen la respuesta y, además, no sabemos cuáles son las futuras necesidades que surgirán con tecnologías que aún desconocemos.

El siguiente desafío es tener cuidado con la tendencia de querer abordar todo de una vez y resolver demasiados problemas simultáneamente. 

Esto surge de una buena intención de no dejar a nadie atrás, como al crear programas de STEM que incluyan arte y elementos digitales, tanto en línea como virtuales. Sin embargo, esta ambición puede llevar a que los proyectos no prosperen y al final no se logre innovar. Culatta se refiere a esto como “hervir el océano”, indicando que intentar hacer demasiado al mismo tiempo se convierte en una gran trampa, especialmente en el ámbito educativo.

Finalmente, a menudo asociamos “lo conocido con lo que es efectivo”, y esto no implica que sea la manera adecuada de proceder. “Al hablar con las personas sobre la IA, por ejemplo, mencionan la precaución necesaria respecto al sesgo que puede introducir”, pero recordó que los sesgos están presentes en los libros de texto, en las escuelas y en las mentes de muchas personas; por lo tanto, “esto no es algo nuevo”. Explica que ante lo nuevo, por instinto, somos escépticos y tendemos a pensar que la situación actual es buena, aunque en muchos casos no sea así. “En el ámbito educativo, el sistema actual ha fallado a miles de millones de estudiantes en todo el mundo”.

Antídotos para enfrentar estas tendencias

Culatta reflexiona sobre cómo superar estas trampas: “Es importante comprender bien a los usuarios del sistema y desarrollar empatía”. Un ejercicio útil es convertirse en la sombra del estudiante, acompañándolo durante su proceso de aprendizaje, ya que “hay líderes en educación que llevan 20 años en el campo y nunca han dedicado tiempo a observar las interacciones de los estudiantes. Conocerles permite innovar de acuerdo con sus necesidades”.

Otro aspecto que puede resultar efectivo es la propuesta de soluciones continuas y se establece una comparación: “Hubo un tiempo en que el sector de la lavandería buscaba mejorar la calidad de los detergentes, y le preguntaron a las personas qué deseaban de su producto. El 100% respondió que querían que la ropa estuviese limpia, por lo que se enfocan en optimizar esa respuesta y gracias a los químicos, la ropa quedó limpia. 

Sin embargo, luego notaron que el olor a productos químicos no era bien recibido, así que decidieron añadir un aroma agradable, y a la gente le encantó”.

La lección aquí es que es esencial observar las verdaderas necesidades y no solo lo que la gente dice que necesita. Si hace algunos años, cuando se usaban caballos, hubiéramos preguntado a la gente, habrían mencionado que necesitaban caballos más veloces, y nunca hubieran aparecido los automóviles.

Según el experto, todos estos elementos hacen que la pregunta cambie de: ¿Qué más podemos hacer? a: ¿Qué es lo menos que podemos hacer?, que sea valioso y acertado, para poder avanzar al siguiente paso. Aquí se emplea otra comparación: “debemos crear primero una patineta, después un patín, y luego una bicicleta, luego una moto y, finalmente, un auto, sin tardar años en desarrollar un carro que al final solo usarán unos pocos”.

Los momentos de inspiración

El especialista también mencionó que existen momentos disruptivos que nos impulsan a cuestionar la comodidad de ciertas situaciones, como la invención de la imprenta, la electricidad, o el internet. Todo esto nos ha llevado a preguntarnos si nuestras suposiciones eran correctas. El covid, por ejemplo, ha generado que muchas instituciones educativas que antes no se preocupaban por tener conexión a internet, ahora sí lo hagan.

Según el especialista Fernando Boudourian, actualmente estamos redefiniendo el futuro post covid y que estamos integrando la inteligencia artificial en este desafío educativo. Sin embargo, en el contexto de la inteligencia artificial, todavía no hemos llegado al verdadero caos. «La Inteligencia Artificial sigue siendo un enigma que nos presenta desafíos que ni siquiera podemos imaginar”, ante esta incertidumbre plantea algunas preguntas:

¿Deberíamos modificar nuestra conversación sobre el papel de la IA? Esto se relaciona con cómo formamos a los estudiantes para tener éxito en un mundo impulsado por la IA al graduarse, sin saber lo que está por venir.

Illustration of light bulb ideas

¿Cómo podríamos estructurar el aprendizaje en una era donde las preguntas tienen más valor que las respuestas? Con la llegada de la inteligencia artificial, el valor de las respuestas comenzará a decrecer; en cambio, las preguntas cobrarán mayor importancia. Antes, conseguir respuestas era complicado y su valor era elevado. Ahora, con la disponibilidad de respuestas abundantes y asequibles, se necesitarán preguntas significativas para aprender a mejorar nuestras vidas.

¿Cómo podemos mejorar nuestra atención en la enseñanza de habilidades humanas exclusivas? Durante mucho tiempo, los humanos eran los encargados de tomar decisiones. Sin embargo, en un mundo con inteligencia artificial que puede hacer mejores elecciones, surge una nueva interrogante: ¿qué lugar ocupa el ser humano en la era de la inteligencia artificial? Sin duda, aspectos como la creatividad, la empatía, el amor, el sentido del humor y las relaciones interpersonales son valores humanos que merece la pena revisar, ya que habrá más responsabilidades que delegar y nos permitirá centrarnos en estos rasgos únicos. “Sin lugar a dudas, podríamos estar bordeando tiempos más prometedores para la humanidad», concluye Culatta.

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