Las premisas de la unidad nacional: la inmigración.

La notable expansión del comercio europeo entre 1860 y 1880 fue una inmediata consecuencia del libre cambio instaurado de manera definitiva en Inglaterra luego de una lucha de no menos de 20 años iniciada en 1840; durante ese período fueron abatidas todas las preferencias coloniales y realizado un sinnúmero de tratados con la mayor parte de los países continentales; todos ellos contenían la cláusula de la nación más favorecida, de modo que las concesiones comerciales obtenidas por un país, se extendían automáticamente a los otros. El período mencionado constituye pues la culminación del libre cambio, de la política liberal llevada a los extremos más acentuados. En toda la semana previa a la primera de esas fechas, es decir la de 1850 al 60, el desarrollo industrial había experimentado un tormentoso impulso. La producción de textiles que continuaba asumiendo el carácter de índice de la revolución industrial había pasado de 100 millones de libras en 1820 a mil millones en 1860 y la de tejidos de 80 millones a 650: los huesos eran 7 millones en el primero de esos años y 30 millones en 1860; a su vez los telares mecánicos aumentaron desde 15mil hasta 400 mil: la industria europea había acrecentado su consumo de algodón en el medio siglo 1800-1850 desde 100mil hasta 2 millones de toneladas y el de lana desde 200 mil hasta 850 mil toneladas. El grado de mecanización podía medirse teniendo presente que la potencia instalada era de un millón y medio de H.P. en 1840; en 1870 ella era de 16 millones; simultáneamente la producción de carbón había crecido entre 1820 y 1860 desde 17 millones de toneladas hasta 125 millones.

El ritmo de crecimiento de la siderurgia base de la producción industrial; el número inusitado de patentes de invención que expresa como muy pocos factores el grado de desarrollo de la industria mecanizada; el desenvolvimiento extraordinario de los ferrocarriles y la implantación y difusión del telégrafo eléctrico llevaron el proceso de la producción y el comercio europeo y norteamericano hasta límites increíbles. -y el comercio europeo y norteamericano hasta límites increíbles.

En la rama más importante de la industria, la metalurgia, Bessemer había introducido su nuevo método para la fabricación de acero que reducía la duración de aquél de 1 día y medio a 20 minutos. Mediante su aplicación, la producción mundial de acero que en 1850 era de casi 6 millones de toneladas, en 1860 era de 7,5 y en 1880 de 18,4 millones. Las patentes de invención acusaban un ritmo similar: las registradas hasta 1870 en Inglaterra pasaron de 50 mil, en Estados Unidos de 120 mil y en Alemania, que comenzaba entonces su proceso de industrialización, eran ya 10 mil. Desde el punto de vista de la producción, el año 1860 fue de iniciación de un verdadero impulso creador. Dentro de la industria fabril europea, la inglesa era, sin embargo, las más maquinarias estaban ya firmemente cimentadas y le permitían. ramales y transportes marítimos. Su comercio exterior ascendía al comercio exterior de Francia y cerca del triple del de Alemania. La construcción de ferrocarriles que durante la década de los 1850 pasó de 38 mil kilómetros a 110 mil, entre 1860 y 1880 aumentó hasta 370 mil kilómetros. El crecimiento posterior fue aún más pronunciado, pues durante los años que sucedieron a 1880 la construcción ferroviaria pudo combinarse con las inversiones de capital sin perder el carácter de intermediario entre las fuentes de materias primas y los puertos o las fábricas y estos últimos y de favorecer en consecuencia la circulación mundial de mercancías. La flota mundial contaba hacia 1876 con casi 6 millones de toneladas de vapores en servicio y 17 millones de toneladas de veleros: la inglesa era de 3,3 millones de toneladas de vapores y casi 6 millones de toneladas de veleros. Este formidable aparato de vinculación mundial había sido consolidado en su regular funcionamiento por el empleo del telégrafo eléctrico; en 1866 estaban ya comunicados por este medio ambos continentes, el europeo y el americano, pero entre 1860 y 1880 la extensión de las líneas telegráficas había crecido desde 125 mil kilómetros a 415 mil. Cualquier oscilación, sea en los precios, en la demanda, en la oferta, en transacciones de cualquier naturaleza eran casi instantáneamente no sólo conocidas en ambos continentes sino aún resueltas; por su intermedio la amplitud del comercio adquirió una vasta extensión y la concentración de las operaciones pudo concretarse en las Bolsas de Londres o Nueva York, acentuando sin embargo la lucha por las influencias comerciales y dando lugar a la formación de empresas que en esa época lograron magnitudes sin precedentes.

El crecimiento de la población urbana; en 1870 ella era él desde 1850 la población total tanto de uno como de otro país por las cifras que hemos consignado más arriba. No obstante, los salarios experimentaban una alarmante rebaja. En la producción de hilados en Gran Bretaña el rendimiento por huso entre 1820 y 1860 había pasado desde 15 hasta 30 libras y por obrero desde 1000 hasta 370O libras, en tanto que el salario de este último se había reducido desde 6,4 hasta 2,1 peniques por libra; lo mismo acontece en los tejidos: la producción por telar había pasado de 335 libras a 1630 y por obrero desde 340 libras hasta 3200, pero su salario bajaba desde 15,5 hasta 2,9 peniques por libra. Se ha escrito con cierta insistencia que el capitalismo que realizó una tremenda revolución en el mundo durante la primera mitad del siglo xix, sin realizar el objetivo fundamental de la organización social, cuál es el de asegurar al hombre un nivel de vida digno, empleó durante la segunda mitad lo mejor de sus esfuerzos en neutralizar sus deficiencias, corregirlas hasta hacerla concordar con la nueva estructura social. Eso es relativamente exacto en lo que se refiere al conocimiento de la manera de funcionar de ese mecanismo y por supuesto a las turbaciones que con tanta frecuencia obstaculizan su desempeño normal. En los primeros meses de 1852 el economista Juglar había realizado un estudio señalando las fluctuaciones de la natalidad, la mortalidad y la nupcialidad en Francia en épocas de escasez y abundancia. Esos estudios fueron continuados por diversos economistas y por el propio Juglar quien desarrolló toda una teoría acerca de las crisis comerciales. Una aplicación de esta teoría se halla en los “Estudios económicos “de Alberdi publicados en 1876. Éstas y muchas otras investigaciones de mayor hondura facilitaron una conducción de los diversos grupos humanos, a veces de manera más apropiada a sus intereses y necesidades, pero lo cierto es que en cuanto se refiere a las condiciones de vida de la clase trabajadora los niveles que ella haya alcanzado se debieron preferentemente a su propio esfuerzo. Y en consecuencia se puede expresar que estos niveles guardan proporción con la actividad de sus típicos organismos de defensa, el Sindicato. Durante la primera mitad del siglo xix, tanto en Gran Bretaña como en el continente, la actividad sindical hubo de realizarse casi permanentemente en forma ilegal. En Gran Bretaña la ley de 1823 ponía trabas de todo orden al desenvolvimiento de los sindicatos y fue necesario librar una lucha tenaz para alcanzar hacia 1852 su reconocimiento legal: ni en esa época ni posteriormente hasta muy cerca del final de este siglo, no obstante, la vigencia de gobiernos típicamente liberales, el movimiento sindical pudo desempeñarse, desde el punto de vista de su reconocimiento legal, en la plenitud de sus derechos. La circunstancia de que esa misma característica la ofrecieran el movimiento obrero francés y el alemán, no indica que ambos carecieran de un determinado vigor. Y este hecho que estaba condicionado por la extensión de la jornada de trabajo, por las condiciones en que éste se realizaba, por la magnitud de los jornales y por la situación general, vivienda, asistencia, etc., fue en realidad uno de los factores que indujeron a la clase gobernante británica a arbitrar diversos recursos tendientes a neutralizar los movimientos que de ahí derivan. El mayor impulso a la colonización y a la emigración hacia territorios apropiados constituye uno de esos recursos y es una de las causas que contribuyeron a la organización de la vida económica americana.

Desde luego que la emigración de hombres y capitales se realizaría hacia aquellas regiones que ofrecieran la seguridad de un desempeño cabalmente cumplido. Estados Unidos que había comenzado a admitir los emigrantes de Europa desde 1820, recibió entre 1845 y 1854 masas crecientes desde 100 mil por año hasta cuatrocientos mil; de ahí hasta la terminación de la guerra civil decrecieron sensiblemente, pero retomaron su ritmo anterior a partir de 1867. La de la Argentina comienza también poco antes de 1860 y crece de manera muy atenuada hasta iniciarse la unidad nacional.

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