Política financiera en el periodo 1880-1899

La ley monetaria de 1881. 

Las características monetarias del período que transcurre durante las dos últimas décadas del siglo xix las constituye el hecho de que entre 1880 y 1890 el oro fue casi completamente sustraído a la circulación y sustituido por el papel moneda depreciado, cuyo valor metálico fue sumamente fluctuante; el país desarrollaba en esos años un vasto programa de incorporación de capital extranjero en dimensiones mayores a su capacidad económica; y por último el balance comercial registrado durante esa década que fue permanentemente negativo, cambió bruscamente de signo en la de los 1890, luego de la crisis experimentada por un sector de la banca británica estrechamente vinculado a la Argentina.

La expansión registrada en el país a partir de 1880 y a cuyos aspectos principales nos hemos referido en lo que precede debía hallar necesariamente una traducción en el ordenamiento del medio circulante. La ley monetaria de 1881 constituye la base de ese ordenamiento. Hemos aludido antes a las vicisitudes monetarias experimentadas por el país desde Caseros, y señalado el hecho que todas ellas están estrechamente vinculadas al desenvolvimiento bancario, intérprete este último del desarrollo de las fuentes de la economía. En ocasión de la sanción de la ley de 1881 la circulación fiduciaria había llegado a 880 millones de pesos manteniendo el valor de este último alrededor de los 4 centavos de oro. La anarquía monetaria que ofrecía el país, en el cual circulaban los más variados tipos nacionales y extranjeros, acordaba a la sanción de la ley de 1881, el carácter de una medida impostergable. Se debe recordar que ella establecía el bimetalismo y que entre sus disposiciones figuraba la obligación de sustituir los antiguos billetes por notas metálicas y la prohibición de circular las monedas extranjeras.

Las disposiciones sobre el bimetalismo fracasaron al poco tiempo de ser dictadas: la emigración del oro obligó al gobierno a decretar en 1885 la conversión y el curso forzoso de los billetes de banco. La conversión adoptada como medida transitoria se prolongó hasta 1899 fecha en que la ley desvalorizaba el peso imponiendo la equivalencia de 44 centavos oro en lugar de los 100 centavos oro que establecía la ley de 1881. Para realizar la promoción económica del país el gobierno nacional se había embarcado en una política de empréstitos; entre los años 1881 y 1885 ellos llegaron a totalizar 53 millones de pesos oro cuyo servicio anual estaba sobre los 3 millones. Esta suma debía ser agregada a la que provenía de los empréstitos también tomados por el gobierno nacional con el objeto de proporcionar al Banco Nacional su reserva metálica legal. El servicio de todos ellos llegaba pues a los 4,5 millones.

A estos empréstitos, cuyo objeto confesado era el de sanear la moneda y construir ferrocarriles es preciso agregarle los que provienen de determinadas soluciones políticas y de la ejecución de obras públicas. Se debe recordar que de acuerdo al pacto establecido en 1880 referente a la cesión de la ciudad de Buenos Aires con el objeto de transformarla en la Capital Federal el gobierno se había hecho cargo de la deuda externa de la provincia que alcanzaba a casi 15 millones de pesos y que debía abonar además a la provincia la suma de 5 millones a título de compensación por los edificios que nacionalizó; el gobierno nacional inició contemporáneamente la construcción de muelles y la profundización del Riachuelo y continuó con la construcción de las obras sanitarias de Buenos Aires que había iniciado la provincia. Esta última no había comenzado a realizar un programa menos ambicioso. La construcción de edificios sumamente costosos en la ciudad de La Plata y la de su puerto simultáneamente financiado llevaron el rubro de los empréstitos públicos a un valor nominal superior a 100 millones de pesos oro, cuyo servicio anual excede los 6 millones de la misma moneda. Estas sumas no miden sin embargo la totalidad del esfuerzo exigido a la nación y la provincia. Durante esos mismos años fueron lanzados empréstitos internos cuya suma se aproximaba a los seis millones oro y cuyo servicio anual importaba todavía otro medio millón de la misma moneda: numerosas inversiones privadas colocadas en su mayor parte en ferrocarriles y en diversas otras empresas acrecentaban aún los referidos préstamos hasta la suma de 150 millones exigiendo un servicio anual de casi nueve millones oro. Por su parte la balanza comercial de los años 1881 a 1885, en que se decretó la conversión se caracterizó por un desequilibrio negativo realmente sorprendente. El año 1881 ese saldo había sido levemente positivo, pero a partir de 1882 la inversión del signo hace que hasta el año 85 pueda anotarse un saldo negativo de 55 millones de pesos oro. Agregando los intereses derivados de los fuertes empréstitos debe suponerse que el balance de pagos afectaría signos permanentemente negativos; sus exigencias terminarían por dejar exhaustos los recursos metálicos de los bancos y debían necesariamente desembocar en la conversión.

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