El aporte del capital extranjero

La incorporación del capital extranjero había desarrollado extensamente la posibilidad de negocios, pero esa posibilidad no era ilimitada; quienes los practican saben perfectamente que la zona que corresponde a los negocios que puede realizar el habitante del país importador de capital, tiene en efecto una amplitud estrecha, de ahí el ansia incontenible de realizarlos cuanto antes. Traspuesto ese límite los negocios no favorecen ya sino al inversor. En esa década de los 1880 se realizaba trabajosamente la transformación profunda de la estructura económica argentina y ella ocurría en un punto en que la influencia británica parecía decaer ante la aparición de poderosos oponentes. A las razones que hemos expresado antes respecto a la transformación impuesta a las majadas a fin de capacitarlas para la provisión de carnes y secundariamente de lana, ocurre la irrupción de la agricultura que mejora grandemente los campos donde penetra haciéndolos aptos para la cría de los mejores ejemplares. Esa difusión había ocurrido en Santa Fe y en Córdoba en mayor extensión que en Buenos Aires de donde se sigue que el predominio de esta provincia estaba amenazado por la mayor capacidad alimenticia de los campos de las otras. El problema externo cuál era el de que Gran Bretaña necesitaba importar carnes ahora que ella se podía llevar desde la Argentina y que sus talleres trabajaban el algodón en mayor proporción que la lana, tenía su trascendencia profunda en la Argentina; ella se sumaría a la que resultaba de la competencia que en el mercado internacional ejecutaban ya Alemania y Estados Unidos.

Hemos expresado antes que el consumo mundial de lana y algodón durante el siglo xix había pasado por cifras que significaban acordar a este último una importancia mayor. En 1800 el consumo era de 220 mil toneladas de lana y 110 mil de algodón; en 1850 la de lana era 850 mil y la de algodón 2 millones y en 1900 la primera era de 1,2 millones y la del segundo 4 millones. La dirección del proceso era pues inversa a la que tuvo hacia principios del siglo xix y ella ocasiona el seguro descenso de la exportación. Los criadores de ovejas luchaban pues desesperadamente no ya con los criadores de bovinos y con los agricultores a fin de obtener campos apropiados para sus majadas, sino aun entre sí, diferenciados ahora de triple manera según que dedicaran sus tierras a producir carne, lana o ambas cosas a la vez. Si lo primero, su interés estaba en cierta zona de la campaña dotada de los pastos apropiados, en proximidad de ferrocarriles y de los establecimientos frigoríficos: sí producían lana, esta última circunstancia debía serle indiferente, no así el tipo de pradera. En cualquier caso, la forma en que se cumple este proceso indica que entre la década de los 1880 y la siguiente se halla en su punto culminante.

La competencia que en el plano internacional supone la notable expansión de la industria en Alemania y Estados Unidos tiene asimismo una influencia preponderante en los acontecimientos argentinos ocurridos entre 1880 y 1900; no solamente en la industria textil sino aun en la metalúrgica, en la construcción de barcos, etc., la exportación inglesa tiene un instante de inquietante reducción a causa de la oferta de productos similares por parte de sus competidores. Esa influencia se nota en el país bajo la forma de un inusitado aumento del porcentaje de importaciones alemanas y norteamericanas, aun cuando la británica no acuse retroceso.

La de procedencia alemana que en 18°0 era solamente el 52% del total en 1887 va sumaba 10%· ella decae luego hasta menos del 9 %: en cuanto a la norteamericana que en 1880 era 7,2 % llega el 89 a 10,2 % y luego desciende durante los años de la crisis hasta el 5 %. La del Reino Unido en cambio era del 22,8 % en 1881; en 1887 era de 29,7 % habiendo llegado en años anteriores hasta el 38 %; en 1891, era nuevamente el 42,8 %. Gran Bretaña había defendido pues sus posiciones en el plano del comercio exportador transformando en parte sus exportaciones de mercaderías en exportaciones de capital; inversiones en empresas, empréstitos, etc., todas operaciones que tienden a lograr más que vínculos comerciales una verdadera hegemonía económica. Se puede comprobar los resultados de esta política recordando que entre 1880 y 1900, divididos en quinquenios la correlación entre empréstitos e importaciones británicas es perfecta. Las cifras, citadas por Dorfman en su “Historia de la Industria».

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