Buenos Aires con la inauguración de su puerto había afirmado su posición preponderante en Io que afecta al comercio importador; los barcos llegados directamente desde el puerto europeo entregaban su carga en los muelles de Buenos Aires y los que no obtenían en ellos el cargamento de regreso, arribaban a Rosario, Bahía Blanca o Santa Fe en demanda de los productos que salían por sus respectivos puertos. El resto del Paraná y Uruguay hacia las naciones vecinas.
Teniendo presentes las cifras análogas referentes al año 1880, resulta que en cuanto concierne a la exportación, el movimiento resultante acusa un aumento relativo del 2,4% del total el de la provincia de Buenos Aires, y uno de 4,9 el de Santa Fe; esos aumentos se han producido en detrimento de la Mesopotamia: la provincia de Entre Ríos ha descendido desde el 12,4 hasta e1 5,8 % y la de Corrientes desde el 1,6 hasta el 0,4%.
Por supuesto que todo ello depende, en su mayor proporción, de la capacidad productiva de cada una de las provincias mencionadas, de la naturaleza de su producción, de la instalación de los establecimientos industrializadores de la carne, de su proximidad, a ellos y finalmente, de su habilidad y estructura comercial; pero, en definitiva, dependía de las condiciones técnicas bajo las cuales se podía realizar la exportación: en dial. Es verdad que los ferrocarriles lo habían facilitado bastante, lo habían posibilitado acercándose desde el sitio de producción hasta la costa de los ríos. Era preciso aún facilitar el tráfico por los ríos y realizar en la costa las obras necesarias para el correcto manejo de las cargas.
La libre navegación de los ríos, que fue uno de los objetivos de Caseros, estaba inscripta en la constitución del 53, pero se hallaba aún sin cumplimiento. La libre navegación no constituía simplemente la traducción de un hecho material por cuyo intermedio podía facilitarse el tránsito. Él ampliaba las ideas de libertad económica, que constituyeron la base esencial de los anhelos de Mayo; afirmaba el propósito de la antigua colonia de abrir extensamente sus fronteras, desde luego a todas las banderas, y en particular a la europea que consideraba justamente como portadora de todos los beneficios de esa libertad. La cuenca del Plata constreñidla a un trato unilateral, rompía todas sus limitaciones y entraba al intercambio mundial de ideas y de productos acordando generosamente la mayor amplitud a los contactos con la civilización europea. Por lo demás, a libre navegación de los ríos era la condición ineludible de la unidad nacional; sin medios de comunicación ésta tenía muy pocas perspectivas de realizarse y los recursos de vinculación entre las diversas zonas podían materializarse, mientras el ferrocarril no lograra una difusión extensa, por medio de los ríos; ellos ofrecían condiciones favorables al tráfico, no exigían inversiones de ninguna especie y constituían una suerte de territorio inabordable a’ indios y montoneras.
Pero declarar la libre navegación de los ríos y abstenerse de adaptarlos a esas imposiciones constituía una tarea inconclusa. Los ríos no son, tomados en sus condiciones naturales, accesibles en su total extensión a cualquier tipo de barco. Constituyen una vía potencial que requieren para su uso, trabajos de acondicionamiento cuya magnitud depende de la regularidad de sus caudales y del tamaño de la embarcación a la que deban adaptarse. Gracias al desentendimiento de Brasil y Uruguay en lo referente a la utilización de los ríos del Plata, estos últimos pasaron a la condición de ríos interiores de la Argentina y en consecuencia correspondía a ella ponerlos en condiciones apropiadas a la navegabilidad. Hasta la creación del Ministerio de Obras Públicas, todos los ríos del sistema del Plata se navegaban sin haberse tentado acondicionarlos al tráfico; esta forma de explotación que constituye la primera etapa en esa tarea se caracteriza porque en ella es el barco el que se atiene a las posibilidades ofrecidas por el río. La creación del M. O. Públicas realizada a consecuencia de la reforma constitucional de marzo de 1898 inició la segunda etapa, es decir la que se propone adaptar paulatinamente el río a las exigencias de su tráfico.

La reforma constitucional de 1898 completó y dio término a los objetivos por los que luchó la generación de Caseros; gran parte de ellos, en cuanto interpretaban los anhelos de mayo, hallaron traducción en la constitución de 1853; las reformas que le impuso la aprobada en 1860 la transformaron en los objetivos de los ganaderos bonaerenses que gravitaron decididamente en la sanción de esta última. La constitución del 53 era el manifiesto de una generación liberal, cuyos propósitos organizativos tenían un marcado tinte nacional: campea en ella un hondo sentido nacional, un empeño en construir al país mediante un esfuerzo solidario que no excluya a regiones ni acepte predominios. La reforma que impuso Buenos Aires transformó ese estatuto en una defensa de los intereses de la provincia, en un reconocimiento de su hegemonía, en una prevalencia de su riqueza. Los ganaderos y comerciantes de la ciudad, defendieron sus seculares privilegios asegurándose por todos los recursos constitucionales una autonomía que iba mucho más allá de todo concepto federalista y que constituía más bien un propósito separatista aun manteniendo formalmente la unidad. De haber coincidido no más en la cláusula que en la constitución del 53 establecía la federalización de Buenos Aires, es fácil advertir que la consolidación del Estado Nacional, es decir la efectiva iniciación en la tarea de construir a la Nación pudo adelantarse en forma considerable. Esa cláusula no favorecía los retoños feudales que alentaban a Buenos Aires; sin su ciudad o mejor dicho, con la ciudad obedeciendo a otras sugestiones, los ganaderos de Buenos Aires perdían su predominio y sus rentas. Porque la aceptación dé esa cláusula, independientemente del reparto de las rentas de su aduana, significaba aceptar la responsabilidad de dirigir los destinos del país, orientar su proceso de formación, promover las economías regionales, vincularlas entre sí y sacar de esa tarea constructiva un pueblo unido en un profundo sentimiento nacional.

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