Sobre los componentes del gasto “exportación” e “importación” no existe ninguna dificultad en su cálculo, ya que hay un control muy preciso sobre su volumen físico y su valor. El cálculo de las componentes consumo e inversión es, en cambio, mucho más complicado.
El gasto de consumo tiene dos componentes: el consumo privado y el público. El consumo privado registra el valor de los gastos finales realizados por las familias, menos el de las compras de tierras y edificios. Los mismos se obtienen por inferencia:
a) Se seleccionan los productos de las grandes divisiones que corresponden al consumo de las familias.
b) Al mismo tiempo se le suman o restan, según corresponda, las variaciones de existencias.
c) El resultado es el “consumo privado” (presunto).
Dentro de la primera se incluye la inversión en construcción pública y privada y la compra de equipos durables de producción. A esta última la estadística la discrimina en “equipos de transporte” y “maquinarias y otros”. Las fuentes de información están constituidas por las empresas dedicadas a la actividad, las cámaras empresarias y los cálculos complementarios realizados por los organismos respectivos. La variación de existencias representa el valor del cambio en el volumen de materia prima, los trabajos en curso y los productos acabados en poder de las empresas y el gobierno. Las fuentes de información son las mismas. Una de las últimas definiciones de interés en la contabilidad nacional es la correspondiente a «mercaderías y servicios disponibles». La misma comprende a todos los gastos de consumo y de inversión realizados en un periodo determinado. Trabajar de esta manera significa retener como unidades significativas de nuestra economía a agregados funcionales, tales como las familias, las empresas, el gobierno y el sector externo.
La matriz de insumo-producto: descripción teórica de la misma
En los acápites anteriores hemos descripto las distintas partes componentes del sistema de cuentas nacionales de la Argentina y la metodología empleada para su compilación. A esta altura debe estar clara la validez relativa de los guarismos obtenidos por el sistema, tanto desde el punto de vista descriptivo como normativo.
Sin embargo, el sistema de cuentas nacionales, como se ha descripto hasta el presente, nos da una visión incompleta del sistema económico. Nos dice cuánto ingresó y de qué fuente lo reciben las distintas unidades de observación, y cómo lo gastan, atendiendo a los grandes agregados del gasto ya descriptos: consumo, inversión, impuestos, etc.
Así, por ejemplo, en el caso de las empresas estamos considerando a todas ellas como una unidad, sin atender a las características de la actividad productiva que realizan: dentro del mismo agregado se incluyen las empresas agropecuarias, mineras, industriales, de servicios, etc. Lo propio ocurre con las familias, ya que no se toma en cuenta de qué sector de la producción provienen sus ingresos, ni en qué tipo de bienes de consumo gastan los mismos. Esto nos da una visión parcializada de la realidad económica, ya que parecería que el país produce un solo bien, que es en parte consumido y en parte invertido. Este bien surgiría, atendiendo a esta óptica, de una ponderación de todos los bienes producidos y consumidos por la sociedad.
Incluso en el caso de las estadísticas de producción por sectores homogéneos (grupo, agrupación, división y gran división), los datos que brinda el sistema de cuentas nacionales son insuficientes. En el mismo se discriminan los “consumos intermedios” (insumos) y el valor agregado por categoría, pero nada se nos dice acerca de cuál es el origen sectorial de los consumos intermedios. Por otra parte, se nos indica la cantidad de bienes producidos destinados a consumo final (ventas de empresas a empresas), pero nada se indica con respecto al sector al cual pertenece la empresa que compra estos últimos.
A fin de zanjar esta dificultad y lograr una descripción más completa de la realidad económica, los economistas han intentado desde hace muchos años describir con precisión los flujos de bienes económicos que se producen entre los distintos sectores de la actividad productiva. La idea, intuitivamente correcta, era que:
a) en un periodo, todos los sectores productivos se compran y venden simultáneamente, incluso a sí mismos;
b) algunos sectores estaban más ligados entre sí, atendiendo al volumen de sus compras y ventas;
c) los balances de productos entre distintos sectores podrían tener cualquier signo (deficitario o superavitario);
d) que, atendiendo a a, b y c, las variaciones en los precios relativos sectoriales podrían pasar inadvertidas o tener resultados catastróficos.

El primer economista que atinó a dar una enunciación científica a estas apreciaciones intuitivas fue François Quesnay, quien a mediados del siglo XVIII creó un instrumento analítico que llamó la “Tabla Económica». La misma consistía en un cuadro de doble entrada que representaba la corriente de gastos y productos entre las tres clases sociales en que dividió la sociedad: los propietarios de la tierra, los agricultores empresarios (clase productiva) y todos los demás (clase estéril).
Como vemos, este autor trabajó con agregados funcionales (clases sociales) y no sectoriales. Pero su gran mérito consistió en el instrumento aportado. Durante todo el siglo pasado, la tabla económica fue esporádicamente utilizada por varios economistas. Las razones fueron principalmente dos:
a) la carencia o deficiencias del sistema estadístico, que dificultaban la compilación de datos necesarios para construirla;
b) las concepciones vigentes acerca del ordenamiento natural y eficiente del sistema económico.
Luego de la gran crisis económica de 1930 y con el afianzamiento de las ideas keynesianas, se dio gran impulso al estudio de los problemas macroeconómicos, con lo cual surgió la necesidad de analizar en qué forma se vinculan las distintas partes componentes de una economía. Esta necesidad no era sólo descriptiva, sino que pretendía ser, además, una guía muy importante del papel ordenador que el Estado debía jugar en la actividad económica. A partir de entonces se desarrollaron y perfeccionaron los sistemas de cuentas nacionales que explicamos en los acápites anteriores.

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