Dice un autor contemporáneo que «la geopolítica es la ciencia que estudia las influencias que, de manera recíproca, se producen entre los factores geográficos y las comunidades políticamente organizadas. Uno de los aspectos más importantes de esta apasionante ciencia lo constituyen las fronteras nacionales…”. Siguiendo la glosa del especialista citado, señalaremos que sobre ese tema deben distinguirse dos conceptos fundamentales. En primer término, la diferencia entre límite y frontera. Límite equivale a un concepto lineal que determina, simplemente, las jurisdicciones nacionales. Frontera, encierra una idea geo ambiental; “es decir afirma el autor que se trata de un ambiente geo cultural de magnitud variable, que se extiende a partir del linde y que está en estrecha relación con la frontera vecina”. Y añade: “Objetivamos este concepto en el caso del Beagle. Allí es fundamental defender el límite heredado de nuestros mayores; pero también es de significativa relevancia preservar y desarrollar la frontera, ya que ésta es el apoyo y sostén efectivo de aquél». Nosotros agregamos: en el mismo derecho y deber está el país limítrofe del lado opuesto de la línea divisoria.
El segundo aspecto es complemento del anterior, toda vez que agrega, al concepto tradicional de frontera como bordes periféricos del Estado, la noción de cultura nacional, que al decir del autor comentado tiene dos dimensiones; a saber: la espiritual (cuyos componentes son: cultura, moral, estético, religioso, modalidades sociopolíticas, estilo de vida y material (que incluye la técnica, los modos de producción y los sistemas económicos; es decir, la economía). Ese ámbito de la cultura, que suele llamársele frontera interior es el que debemos evitar, a toda costa, que sea «ocupado» culturalmente por los países vecinos. A este respecto es terminante lo expresado en otra oportunidad por el mismo autor: «para quien quiere dominar, el sometimiento cultural resulta la victoria menos cruenta, ya que no requiere cuota de sangre, ni fuerza de ocupación, pues el propio nativo se torna instrumento dócil de la causa ajena». En el caso de las fronteras marítimas, si bien obviamente no hay riesgo de «penetración cultural» por inexistencia de vecinos, lo mismo interesa la ocupación o dominio por lo menos en lo material o económico como apoyo a posibles operaciones navales en defensa no sólo del mar territorial y del territorio mismo, sino para la vigilancia de las 200 millas de zona económica exclusiva, que vimos más arriba.
Política argentina con relación a las áreas de frontera
El problema de la integración de las áreas de frontera al resto del país presenta diversas facetas que el gobierno nacional ha decidido encarar con carácter altamente prioritario. Así es como en casi todos los planes de gobierno se reconoce que las regiones fronterizas presentan características comunes que pueden sintetizarse en: insuficiente desarrollo en relación al resto del país, carencia de infraestructura económica y social, escasa población, falta de integración con el resto del país y diversos tipos de influencias desde los países limítrofes. Como se puede inferir, el problema puede dividirse en dos aspectos bien diferenciados: el aislamiento económico y social de nuestras poblaciones de frontera y los fenómenos que se derivan de la presencia de minorías. O mayorías en algunos casos, migratorias clandestinas, precisamente en regiones donde, por las razones señaladas como primer aspecto del problema, nuestra nacionalidad o «cultura nacional» en el sentido que hemos visto, no está fuertemente afianzada. Todo ello hace que en esas áreas se susciten todo tipo de problemas: ocupacionales y sociales de todo orden, asistenciales, culturales, etc., y constituyan una permanente tentación para quienes estén obsesionados por un natural “encierro geopolítico”. Consecuentemente, uno de sus objetivos habrá de ser llevar adelante un programa integral que contemple, entre otras medidas, el incremento de la población en esas áreas, a través del aporte de corrientes poblacionales internas y externas (legalmente controladas),atraídas por la creación de estímulos suficientes que derivarán del fomento de actividades productivas fundamentalmente vinculadas a los recursos naturales de cada región, compatibilizarse con la previa planificación y ejecución inmediata de la infraestructura correspondiente, tanto física (transporte, comunicaciones, viviendas, suministros de agua potable, etc.) como social (escuelas, unidades sanitarias, iglesias, clubes, etc.).
Todo ese programa contribuirá a elevar el nivel de vida de las respectivas poblaciones que favorecerá su asentamiento definitivo, con lo cual se consolidarán las fronteras de nuestra soberanía y será más factible alcanzar el objetivo de la integración regional latinoamericana. No obstante, el portentoso progreso de la técnica de las comunicaciones, que trae como consecuencia el virtual acortamiento de las distancias y la creciente autonomía de vuelo en la navegación aérea, la posesión de islas conserva su valor estratégico, tanto en el orden bélico como comercial. Según su ubicación pueden convertirse en verdaderos enclaves comerciales, en postas de aprovisionamiento, o bien en puntos claves para la información relacionada con las investigaciones científicas, los pronósticos meteorológicos, los estudios oceanográficos, la biología marina, etc. Asimismo, y sin que ello constituya necesariamente una consecuencia de su carácter insular, pueden encerrar recursos naturales tanto de superficie como subyacentes. En el caso de la Argentina insular se dan todas esas condiciones, aunque con relación a la gran extensión de su territorio la proporción de islas es evidentemente reducida, dejando de lado el conglomerado insular del Delta que reviste un carácter muy particular.

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