La creación del Banco de la Nación y la conversión monetaria de 1899

La creación del Banco de la Nación es en este sentido el acontecimiento decisivo. La postración del país luego del cierre de los bancos oficiales puede abordarse recordando las palabras pronunciadas por el Dr. Balestra, miembro de la comisión de hacienda de la Cámara en la sesión del 2 de octubre de 1891 al discutirse el proyecto de creación de ese banco. Todos los señores diputados, saben que el Correo está sirviendo de banco en estos momentos, teniendo que mandar hasta las más pequeñas sumas a las provincias, en “valores declarados”, puesto que ningún banco da giro ni se hace ninguna operación bancaria. La circulación está completamente detenida por la falta de bancos, no hay moneda de oro ni de papel, no hay cheques, letras, y aun cuando hubiera, de nada servirían, porque no hay bancos”. El Banco de la Nación pudo iniciar sus gestiones el 26 de octubre de 1891. Las disposiciones de la ley de creación, ni constituían un hallazgo ni eran muy diferentes de las del Banco Nacional. Solamente que la época era distinta. La crisis del 90 había realizado su función revolucionaria en forma mucho más vigorosa que las crisis anteriores, porque la estructura del país había progresado inmensamente. En 1874 su vinculación con el comercio internacional era muy reducida: en 1890 las coyunturas establecidas hacían que él sintiera todos los efectos del intercambio mundial; había ganado extremadamente en sensibilidad comercial. La crisis había provocado además un proceso de concentración que es propio de estos grandes sacudimientos. Cuando se producen se restringe el crédito y su consecuencia es la caída de todos los que a falta de vitalidad se hallan incapacitados para satisfacer las exigencias de los vencimientos en ausencia del crédito. Es decir, sobreviven a la crisis los establecimientos mejor dotados tanto del punto de vista organizativo como financiero. La Argentina que surge del 90 ha realizado un trabajo de organización sumamente vigoroso. El capital extranjero y el capital nacional constituyen ahora dos polos radicados, el primero en el comercio importador y el segundo en la estancia, en la producción de la materia prima. 

El propio directorio del banco nombrado por decreto de octubre del 91 define de manera categórica esta diferenciación. Se hallan allí los representantes más conspicuos de la ganadería y los importadores de mayor vuelo; ingleses alemanes y franceses alternan en ese directorio, desde luego con todos los derechos porque el Banco de la Nación está constituido sobre la base de un capital de 50 millones representado por 500 mil acciones de 100 pesos ofrecidas a la suscripción pública; y ese banco no podía realizar descuentos sino de pagarés y letras de comercio a agricultores e industriales. Es en suma un banco privado puesto bajo la tutela o el patrocinio del Estado. Su desenvolvimiento ha experimentado todas las alternativas que debió sufrir la economía argentina durante ese período de reestructuración.

Funcionaban ya en el país fundados entre 1886 y 1891, los siguientes bancos privados que operaban con capital argentino: Español del Río de la Plata, fundado en 1880; Francés del Río de la Plata, en 1887; Popular Argentino también en 1887 y Nuevo Italiano fundado en 1888. Existían asimismo los siguientes bancos privados que responden al capital extranjero: Alemán Transatlántico, fundado en 1887, Anglo Sudamericano en 1889 y Británico de la América del Sur en 1891. El grupo de los primeros respondía a las actividades del capital comercial y cuya nacionalidad caracterizaba claramente su origen. En cuanto al grupo de los segundos, responde evidentemente a las exigencias de los empréstitos e inversiones de diverso género que las respectivas colectividades a las cuales individualiza su designación, han realizado en el país. El capital británico al cual corresponde la mayor masa de inversiones y empréstitos, operaba por intermedio de tres bancos: el Londres, el británico y el Anglo Sudamericano. Los dos primeros actúan preferentemente en inversiones comerciales, industriales y de transporte, realizadas en la Capital Federal y en las grandes ciudades; el segundo es el banco de las zonas ganaderas, con preferencia las laneras. 

Sin descuidar las actividades urbanas, el Anglo Sudamericano monopolizó en determinado momento el mercado lanero y de carnes de la Patagonia en la cual aún bien entrado el siglo xx, continuaba operando las compras de lanas y ganado en libras sobre Londres. En cuanto se refiere al Alemán Transatlántico, su incorporación al país fue consecuencia de la expansión del Imperio que durante la decena de los 1880 se lanzó a la conquista de los diversos mercados del mundo respaldado por su promoción industrial; empréstitos gubernamentales para adquirir armamento, y productos metalúrgicos; inversiones bajo forma de instalación de industrias, como la de azúcar y electricidad, y la incorporación de líneas navieras, fueron las primeras expresiones de un capitalismo pujante que aun cuando llegaba algo tarde a causa de la amortiguación en su proceso realizada por Gran Bretaña y Francia, se perfilaba como un temible competidor de los tradicionales proveedores y adquirentes en América Latina. La nueva función que comienza a transformar a los bancos de simples instrumentos de crédito en promotores de industria, se traduce aquí por la instalación de los establecimientos mencionados. Debe considerarse complementario de la creación del Banco de la Nación, el propósito de estabilizar el precio del oro en relación a la moneda papel. Éste podía intentarse cuando la estabilidad bancaria estuviera suficientemente consolidada. Pero la ley de conversión dictada finalmente en 1899, debía atenerse antes que nada al precio del oro. Se debe suponer que dependiendo de una circunstancia tan fundamental para la marcha de los negocios esa ley fuese discutida ardorosamente. El proyecto perteneció al ministro de hacienda Dr. Rosa y fue apoyado por Pellegrini y Tornquist. Terminó con la valorización del billete al estabilizar su valor en 0,44 pesos oro: es decir que un peso oro vale 2,27 papel.

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