La libre navegación de los ríos es uno de ellos; alternativamente aceptada y denegada, la medida en que pudo utilizarse traduce el grado de desarrollo del mercado interior y el de sus exigencias hacia el mercado externo. Se puede expresar que en su aspecto formal la generación del 80 realizó una labor ponderable al traducir al terreno de los hechos un sector importante del programa de Mayo: Se realizó en su aspecto formal, porque construyó todas las obras públicas y facilitó las privadas en la medida en que lo exigía el cumplimiento de ese programa: repartió la tierra, construyó puertos, levantó ciudades, incorporó inmigrantes, promovió la educación pública y estructuró el cuerpo legal que requería el funcionamiento de todo ese considerable aparato. No acordó a su realización el sentido social que habían planteado los hombres de mayo. La democratización del país fue más que negada, obstaculizada tenazmente y en cuanto afecta al sentido y orientación de las normas de convivencia les acordó un tinte profundamente negativo. Ni repartió la tierra al trabajador, ni prestó apoyo al cultivador, ni promovió el desenvolvimiento de las industrias agropecuarias sino en la medida en que lo reclamaba el capital extranjero, ni propició la creación de la industria manufacturera ni, en suma, extendió más allá de la zona litoral las posibilidades del mercado interior. La generación del 80 con la ley de federalización y con su ponderable actividad derivada de ella, consolidó el Estado Nacional, abatió definitivamente los caudillos, pero justo es reconocer que utilizó todo su considerable poder en el afianzamiento de una actividad excluyente y propia del litoral y que su consecuencia fue el fraccionamiento del país en dos sectores situados en un desnivel inaudito.
Dentro de estas limitaciones, es decir restringida a esta región del país, y con las características económicas, sociales y políticas que son notorias, la generación del 80 había traducido en hechos un capítulo del programa de mayo. La reforma de la constitución de 1898 implica una complementación dotada de la mayor trascendencia. Era necesario dar una traducción práctica a la declaración de libre navegación de los ríos; era preciso realizar un relevamiento minucioso que permitiera obtener la carta del río; señalar la ruta navegable; eliminar los obstáculos que impidieron o redujeron la navegación y construir los puertos necesarios para dar a ella una finalidad concreta. Las empresas navieras y ferroviarias y el consumidor europeo impulsan a la ejecución de otros puertos como el de Buenos Aires. Si toda la producción del país hubiera de embarcarse en sus muelles, desde luego que éstos deberían ofrecer dimensiones inverosímiles y el tránsito interno resultaría mucho más dilatado que si el embarque se producía en lugares próximos al de la cosecha. Pero para que el embarque fuese posible en otros sitios, las empresas navieras imponían cláusulas de seguridad al tránsito que distaban de atenerse a las condiciones naturales de los ríos. La creación del M. O. Públicas responde pues a estas y otras necesidades que el país no podía continuar desoyendo: la iniciación del regadío, la provisión de agua a las ciudades y la organización de una Dirección de Vías de Comunicación, complementaban a las actividades mencionadas.
El desarrollo de la agricultura y de la ganadería suponía la adopción de diversas medidas de apoyo, de verificación y de defensa de la producción, de orientación de sus métodos. De tipificación de sus productos; era necesario dar seguridades al mercado consumidor respecto a la sanidad de los alimentos enviados y finalmente se debe recordar que, a causa del conflicto de límites con Chile, el país había iniciado la formación de una marina de guerra; el poblamiento de la Patagonia implicaba la incorporación de una extensa costa marítima en la que era preciso defender las riquezas allí emplazadas y vigilar las fronteras del mar accesibles a la evasión impositiva. Los ministerios de Agricultura y de Marina responden a estas nuevas necesidades. Es fácil observar que al par que esta reforma constitucional completa alguno de los más importantes objetivos de mayo, ella implica en cierta manera una limitación a esa tarea contemplativa atribuida al Estado por la teoría liberal. La incorporación del Ministerio de Obras Públicas y más aún del de Agricultura suponía un principio de intervención del Estado en el proceso de la producción, del transporte y de la comercialización, no ya desconocido, sino inadmisible para la ortodoxia reinante hasta entonces.

El M. O. Públicas produjo una verdadera innovación de métodos y de propósitos. Desde luego puso en evidencia la necesidad de adoptar un plan orgánico de las obras públicas. Éstas se habían realizado prescindiendo muchas veces de los estudios previos tanto en lo referente al emplazamiento de la obra como a la naturaleza de los materiales empleados o a la coordinación con otras obras sin cuya existencia previa ninguna podría funcionar. “Dentro de este orden de ideas, dice el mensaje de 1898, el Poder Ejecutivo se ha concentrado con especialidad, en los pocos meses que lleva de administración, al estudio de problemas tendientes unos a dar facilidades a las comunicaciones terrestres y fluviales, otros a incorporar a la producción y riqueza nacional nuevas y enormes zonas de tierras, hoy completamente estériles y finalmente los destinados a mejorar las condiciones de vida de numerosos pueblos por medio de la provisión de agua pura para su consumo”…Admitiendo pues la existencia de excelentes vías fluviales y la economía que su utilización podía significar para los fletes correspondientes al tráfico interior, se propuso realizar un vasto plan de estudio de esas rutas.

Comments are closed