La población en la última decena del siglo XIX

Variación entre 1869 y 1895.

No se puede establecer un punto intermedio entre 1869 y 1895 en lo referente a la población argentina si no es por indicaciones parciales no siempre dotadas del mínimo de exactitud. Considerando los mismos grupos geográficos a que hemos aludido. Se deduce pues de estas comparaciones, que, si bien la importancia del litoral con respecto al país en lo referente al volumen de población era el 49 % en 1869, ella ha pasado a representar en 1895 el 63,5 % ganando un 14,5 % mientras las demás zonas con excepción de los territorios nacionales han perdido importancia relativa.

Lo significativo es que esa pérdida de importancia relativa es inversamente proporcional a la distancia de cada grupo a Buenos Aires. En efecto la zona norte, que es la más distante, ha visto reducida su gravitación en un 4,7 %; la Oeste más próxima que ella ha perdido un 5,7 %y por fin la central que es inmediata ha perdido un 7,9 %. El hecho es que no solamente la gran masa de la inmigración ha permanecido dentro de la zona oriental, sino que como lo informa el mismo censo, el aumento se ha realizado en parte absorbiendo las de las demás zonas, fenómeno que ya era patente en 1869. En 1895 la zona Este ha absorbido a las demás unos 65 mil de sus habitantes nativos; la zona norte ha ganado 45 mil y los territorios 25 mil en tanto que han cedido de su población nativa las zonas central y oeste. Por supuesto que en estos movimientos internos de población debe verse la importancia de la mayor actividad del litoral y de los territorios en lo referente a las industrias agropecuarias y de Tucumán en lo que se refiere a la industria azucarera. Las otras dos han contribuido a la mayor labor de las demás con un caudal conjunto de 80 mil de sus ciudadanos nativos. Para concluir es preciso recalcar que la zona litoral ha absorbido las tres cuartas partes del crecimiento de población ocurrido entre ambos censos mientras la otra cuarta parte se ha distribuido en la proporción de 9% en la zona central 1, 4,8 en la oeste, 6,6 en la norte y 4 % en los territorios. Ya para el año 1895 estaba pues perfectamente diseñada la característica económico social del país; ella se venía estructurando en una forma de tal manera rigurosa que el «país abanico» en que se constituirá poco después era ya una realidad evidente: las posibilidades de un saludable federalismo económico se tornaban cada vez más lejanas.

Hemos expresado que en 1869 las posiciones relativas entre la población urbana y la rural eran de 34,6 % y 65,4 % respectivamente. En 1895 ella se traducirá por 42% la urbana y 58%la rural. No obstante, pues el considerable aporte inmigratorio destinado a la edificación de un país agrario la población ganaba de manera sistemática las ciudades.

Si hubiéramos considerado por ejemplo los aumentos de población registrados entre los censos de 1869 y 1895 no ya por zonas como se expresa más arriba sino por provincias, se podría comprobar que los mayores aumentos relativos corresponden a Santa Fe y a la Capital Federal. La primera pasa de 89 mil habitantes en 1869 a 397 mil en 1895; el aumento de 308 mil habitantes equivale al 345 % de su población primitiva. La capital federal pasa de 187 mil a 663 mil; o sea aumenta su población en 476 mil habitantes, es decir éstos crecen a un ritmo de 255%. Ninguna otra región del país se aproxima a crecimientos semejantes; si acaso la de Buenos Aires que lo hace a razón del 201 %. Pero si se observa que en Santa Fe sin perjuicio del surgimiento de sus grandes ciudades fue justamente en donde el inmigrante halló las mayores posibilidades de adquirir tierras y que la provincia de Buenos Aires al amparo del progreso de sus industrias agropecuarias edificó en esa época gran número de ciudades y expandió muchas otras, puede concluirse que en efecto la gran masa de la inmigración que permaneció en el país se vio restringida a realizar labores urbanas.

El mismo censo de 1895 ilustra con respecto a las profesiones de los inmigrantes llegados al país entre 1876 y 1895 en que sumaron 1 millón y cuarto. De ellos 800 mil se confesaron agricultores o expresaron el propósito de trabajar en el campo; otros 300 mil eran obreros o sin profesión; pocos artesanos y menos albañiles completan la cifra mencionada. Entre 1881 y 1890 inclusive, la inmigración llegada al país alcanzó a 1.089.851; los emigrantes sumaron 234.867; el saldo es pues de 844.984 habitantes. Entre 1891 y 1899 inclusive entran 818.091 habitantes y emigran 471.953; el saldo de este periodo es de 346.138. Entre 1881 y 1890 el 22 % regresó a su país de origen, mientras que entre 1891 y 1899 esa proporción alcanzó al 57%, La población extranjera que permaneció en el nuestro se componía en 1895 de un millón de almas distribuidas de manera tan irregular sobre el mapa de la república que la zona este contenía 882 mil o sea el 88 %. En ella por cada 100 habitantes 35 eran extranjeros, pero con la capital federal lo eran 52, en Santa Fe 42, en Buenos Aires 31, etc. Entre 1869 y 1895 el porcentaje de extranjeros había pasado en el país de 12,1%a 25,4 %.

Si se vinculan estas últimas cifras con las anteriores se puede concluir que no obstante las profesiones declaradas por los inmigrantes, su lugar de desempeño no había de ser sino temporariamente el campo; los que quedaban en el país o engrosaban las ciudades o contribuyen a los trabajos que con gran impulso se realizaban entonces, como ser la construcción de vías férreas, y en general de obras públicas: el hecho que en la decena anterior a la del 80 emigrara el 65 % de los trabajadores entrados y en la posterior el 57 y que quedará en el país durante ella el 78 % de los entrados, confirma estas apreciaciones porque durante la decena de los 80, en efecto, las construcciones alcanzaron un ritmo muy enérgico.

La falta de posesión de la tierra continuó pues agravando este problema engrosando las cifras de la emigración, fomentando la inmigración transitoria y propiciando la colocación de los entrados al país en oficios ajenos a sus propósitos y a sus ocupaciones habituales. Estos últimos formaron el proletariado de las ciudades; crearon un tipo social muy denso en número y de fijación muy difícil. Es el del inmigrante que vende su fuerza de trabajo a muy bajo precio y sobrelleva una vida de miserias y de privaciones inverosímiles con la vista fija en el instante de regresar a su país, habiendo obtenido alguna seguridad para su futuro.

Un número muy reducido relativamente a la masa de la población que llegó al país había alcanzado la posesión de la tierra. Aunque esta nómina comprende propietarios de todo género, es elocuente expresar que, en las provincias típicamente agrícolas como Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba el número de propietarios extranjeros eran respectivamente: de 21 mil, 12.600y 5.800, mientras en Buenos Aires donde no había colonias y en consecuencia, no había pequeños propietarios de tierra sino en número mínimo, ellos alcanzaban a 37.000. Sin hacer hincapié en esto último es muy significativo que los extranjeros propietarios sumen en la zona este algo menos de 80.000 en la época y en una región en que existían 882 mil extranjeros. A pesar de todos estos hechos contradictorios cuyas consecuencias se prolongarán por muchos años y actuarán negativamente en el proceso social de la Argentina, esa imponente ma.sa de población contribuyó sin duda a construir y cargó sobre sus hombros las tareas más pesadas, las más ingratas y no siempre las mejor retribuidas. No se puede desconocer que si esa masa de población hubiese hallado aquí el clima propicio a sus anhelos se hubiera incorporado en masa afianzando su estabilidad mediante la propiedad de la tierra; habría contribuido pues de manera mucho más eficaz al desarrollo de la Argentina. Desde luego habría considerado al país como cosa suya, trabajado leal y obstinadamente para retirar de su trabajo el justo beneficio, pero sin ese desapego, sin ese afán de abandonarlo y regresar a su tierra habiendo conquistado un poco de bienestar para su futuro, sin ese apresuramiento, en suma, que constituye el medio más eficaz para rebajar los niveles morales. El país habría dejado de ser una suerte de bolsa de la que con algún esfuerzo y el empleo de ciertas artimañas se puede retirar una cuota creciente.

Esa masa de población incorporada al país había acrecentado el número de sus analfabetos, pero había enaltecido el trabajo agrícola. El censo de 1869 había hallado 1 millón 100 mil analfabetos; no obstante, la labor empeñosa realizada con este objeto, en 1895 los analfabetos eran 1 millón 700 mil. En la zona este se encuentran ellos en su mayor número, eran ahí menos de 500 mil en el primer censo, en el segundo llegaban casi al millón.

La incorporación de maquinaria agrícola en considerable volumen realizada en la década de los 80, constituye con otros índices un anticipo de lo que el censo revelará en materia de diversificación de las actividades que realiza una masa ocupada de 1650.000 ciudadanos.

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